Esta semana y la pasada he estado trabajando sin parar, con muchas cosas entre manos, tomando decisiones con las que nunca antes me había enfrentado en el trabajo, con muchas más responsabilidades de las que tenía hasta ahora y un montón de cosas nuevas en la cabeza, todas relacionadas con mi trabajo.
Y este es el segundo viernes que llega y me encuentra en casa, sola y cansada de toda la semana de curro. Estoy teniendo dificultades para hacerme con los dos grupos de alumnos que tengo este semestre y eso además me tiene desconcertada y herida, como si hubiera perdido mi toque mágico con los alumnos. Espero que sea cuestión de tiempo, son ya 10 años de profesora y nunca antes me ha ocurrido. Supongo que es una cuestión más por la que preocuparse.
Una de mis mejores amigas aquí es catedrática y 15 años mayor que yo. Lleva ya mucho tiempo dirigiendo su departamento y trabaja muchísimo. Es separada y hace ya varios años que está sola. Tiene cosas por aquí y por allá y aunque es una mujer fuerte, segura de sí misma y admirable (yo la admiro), el último par de relaciones que ha tenido la han dejado hecha polvo. Ella se escuda en la ironía y en el buen humor que la caracteriza, pero yo sí veo cómo se siente. De alguna manera lo percibo y lo entiendo.
A lo que voy: yo no quiero ser así. No quiero trabajar como una loca toda la semana y llegar al viernes noche rendida. Cenar sola y beber un par de copas de vino mientras veo una peli y antes de irme a dormir. No quiero acostarme sola todas las noches, poner el despertador y que al sonar por la mañana me encuentre de nuevo a mis anchas en la cama.
Hay una cosa que echo de menos de cuando tenía mi relación, aunque fuera a distancia: las conversaciones sobre pequeños detalles del día a día. Hay cosas que yo comentaba con él de mis clases, mi departamento, mi casa, mi lavadora, el supermercado de la esquina, la tontería que había visto en el metro... menudencias sobre las que hablar de lo rutinario que ya no comento con nadie porque ya no hablo con una persona todos los días. Y ese detalle de la vida de pareja es lo que estos días me pesa muchísimo. Con todos estos cambios profesionales siento que tengo mucho de lo que hablar pero aquí estoy, en mi salón hablando con mi blog.
He estado charlando con mi hermano esta noche y me cuenta que el niño del ron hace una fiesta sorpresa para su novia este jueves. Ella cumple 30 así que para más jodienda es menor que yo. No me pilla de sorpresa ni me duele ni nada, pero me irrita más allá de lo que quisiera admitir. Eso sí, de forma impersonal. No son ellos los que me molestan, es la situación.
Vuelvo al hecho de que encima de mi mesa hay solo una copa.
Estoy a meros meses de cumplir 32 años y no tengo ni una sola perspectiva emocional en mi vida, nada que siquiera se acerque a parecerse a una perspectiva. Así que me distraigo con el novio de otra y eso solo me lleva a reírme de mí misma con bilis y kilos de cinismo cuando se me cruza una fiesta sorpresa.
Estaba releyendo Pride & Prejudice estos días pasados y hay una escena que me ha llamado la atención: Elizabeth suelta una diatriba contra los hombres (yo no lo hago contra ellos, pero sí acabo de soltar una) y su tía le dice: Take care, Lizzy; that speech savours strongly of disappointment.
Yo no tengo un Mr. Darcy como tenía Elizabeth, pero sí tengo esa desilusión, esa decepción en estos días- mi vida a finales de los 31 no es lo que yo esperaba que fuera, al menos en materia de vida personal. No quiero sonar patética, que doy gracias a Dios todos los días por mi familia, mi trabajo, mi querida Nueva York, mis amigos... estoy colmada de bendiciones y no me falta de nada.
Únicamente me siento sola. Echo de menos a Hans.
La vida está hecha de esas pequeñas cosas que, irónicamente, cuando nos faltan se hacen grandes, muy grandes.
ResponderSuprimirDespués del batacazo emocional que me llevé con mi ex, llegó un momento en el que me sentía igual que tú y además para rematar la jugada me estaba volviendo cínica y arisca, lo que nunca había sido...
Y aunque suene manido, te envío un abrazo de oso, de esos que reconfortan con un silencio amigo, porque cuando una se siente así, por mucho que te digan, nunca hay una palabra que levante el ánimo. Sólo queda el tiempo, que pase y que cure, lo demás ya irá viniendo...
Un beso ^_^
Aguamarina, te entiendo perfectamente.
ResponderSuprimirUna de las cosas que más hecho de menos de tener una relación es ese confidente a quien contarle las cosas.
Hay días que lo llevo mejor y otros en los que hecho mucho de menos esa figura en mi vida.
Tienes 31 años (gran cosecha la del 80!) y un montón de cosas buenas buenas en tu vida, no dejes que el hecho de que una falte te impida disfrutar las demás.
Mañana será otro día!!
un enorme beso transoceánico!!
Gracias, chicas. Hoy he tenido un día muy oscuro y regresivo, así que leer vuestros comentarios me ha hecho bien.
ResponderSuprimirUn besazo a las dos.
Duele tomar la decisión de irse, pero piensa lo mucho que ha dolido quedarse.
ResponderSuprimirCierto, niña. Aunque ahora no me hace mucha diferencia en lo que me duelen ambas cosas, sé que en algún momento te daré la razón.
ResponderSuprimirGracias :*
Estimada Aguamarina, hasta que no domestiques la soledad, cosa que yo he conseguido a fuerza de poner interés y por mi propio bien, no con obtendrás avanzar, siempre volverás al punto de partida, caminaras unos pasos y retrocederás el doble, es como si estuvieras en un pantano (del sur de Louisiana), intentando salir y cada vez te vas hundiendo más. Continuamente dispondrás en tu repertorio del adjetivo: vacía
ResponderSuprimirCuriosamente cuando termine el que estoy leyendo, empezare “Orgullo y prejuicio” tengo la película, la última versión y la he visto un montón de veces.
Nadie o la mayor parte de las personas esperaban que su vida fuera a desembocar de esa manera, el que te diga lo contrario te estará mintiendo. Es saber aceptar la situación y adaptarte a las circunstancias, no hay otra fórmula, no podemos encontrarnos en permanente negación de los hechos, debemos ir evolucionado y no aferrarnos al pasado o vivir de él, eso hay que enterrarlo, se encuentra muerto.
Es verdad, Españoleto. Madre mía, tu estilo directo da absolutamente en el clavo. Ni más ni menos la clave está en aceptar que las cosas son como son y que hay que vivirlas con lo mejor que tenemos. Es difícil, porque llevas una idea y una imagen de tu vida durante tantos y tantos años que cuando de pronto ves que se desmorona no aciertas a entender qué ha pasado. Lleva tiempo y sobre todo, mucho cuidado para no acabar amargada.
ResponderSuprimir¿Has empezado ya a leer Orgullo y Prejuicio? A mí la peli me encantó, tanto como Sentido y Sensibilidad de Emma Thompson y Kate Winslet. Ya me contarás qué te va pareciendo.
Hace una semana termine “Orgullo y prejuicio”, que decirte que ya no sepas, mejor imposible. Pero te diré también, aunque te pueda extrañar esa forma mí de pensar o no, yo creo que cada uno debe emparejarse con el nivel que tenga, es decir, cada oveja con su pareja. Si ya de por sí resulta difícil convivir con igual nivel cultural y económico, no te cuento de la otra manera, y algunas cosas de la novela las puedo entender fácilmente, aunque yo siendo Darcy también hubiera sucumbido a Lizzy, imposible no hacerlo. He leído todas las novelas editadas de Jane Austen, salvo la que me faltaba hasta ahora, ella siempre hablando del amor y acabo sola, paradojas de la vida, tal vez sea la mejor manera muchas veces de estar, aunque también te pueda parecer extraño.
ResponderSuprimirMe acabas de dejar alucinada, Españoleto. No solo no me extraña tu forma de pensar, sino que es que la comparto al 100%. No suelo hablar del tema mucho porque me catalogan como clasista pero es verdad. Una relación necesita mucho trabajo (trabajo que se hace feliz y que compensa mucho, pero trabajo) y si a lo sentimental le añadimos además diferencias en educación y nivel sociocultural... Mi madre dice también que cuando te casas con alguien, no solo haces con esa persona, sino también con toda su familia. En Orgullo y Prejuicio, Darcy sale perdiendo completamente en ese aspecto y solo puedo sacar la conclusión de que se enamoró de Elizabeth porque ella era natural y espontánea en un mundo de Caroline Bingleys, tan encorsetadas, sibilinas y artificiales.
ResponderSuprimirLa relación de la que habla este blog tenía también ese problema, y al final esas diferencias culturales (imagina las que estamos mencionando aquí y encima añádele una cultura latinoamericana) jugaron el papel más determinante en la ruptura.
En fin, qué te voy a contar...