He tenido una semana larguísima e infernal. He pasado una media de 10 horas en el despacho cada día apagando fuegos y estoy francamente agotada. Yo creo que por eso estoy tan melancólica estos días y siento más necesidad de escribir aquí.
Hoy he tenido el día torcido desde que me levanté y en alguna ocasión he comentado que cuando mi estado de ánimo afecta a mis clases, entonces es cuando me cabreo de verdad. Y con este humor de perros he dejado pasar algún plan que otro para esta noche y me he venido a casa a estar sola. Me he pedido una cena cara a casa y me he puesto a revisitar capítulos de Charmed. Plan perfecto para no pensar. O eso creía yo.
En medio de un capítulo han hablado de instintos y ahí me he ido a Babia a pensar. He hecho un pequeño repaso a algunos de los tíos que han pasado por mi vida. Tampoco han sido tantos, nunca fui muy noviera y no por falta de ganas. Simplemente no "sentía" nada especial cuando alguno de ellos me cogía de la mano o me besaba o me abrazaba. El último ejemplo de esto fue el profe con quien salí la pasada primavera. Recuerdo que contaba que me cogí de su brazo y me envaré más de lo que ya estaba en lugar de relajarme (que habría sido lo lógico). El post, incluso, se llamaba la cita III - mis instintos.
He tenido más situaciones como esa. Y eran todos hombres fantásticos, partidazos estupendos para otras mujeres pero por desgracia no para mí. ¿Por qué no puedo ser -pensaba yo- como otras de mis amigas, que se lanzan a la piscina y viven en el momento? La cosa es que siempre he sabido cuando alguien no era para mí.
Pero hay tres casos en mi vida que destacan sobre los demás. No cuento a mi exniño porque a ese capítulo le estoy dedicando un blog enterito. Hoy quiero hablar de otros momentos de mi vida, antes y después de que a los 27 empezara mi gran -y fallida- historia de amor con él.
1) La primera historia empieza con mis 16 años y aún no termina, podría hacerse una película al estilo de Serendipity con ella, porque contiene cartas (de las de antes), cintas grabadas, cuadros pintados, encuentros a lo largo de los años en ciudades como Granada, Madrid, Chicago o París... y al contrario que en las pelis, nunca un final feliz. De momento ni siquiera un final, porque cada vez que creo que ha sido la última vez se vuelve a cruzar en mi camino.
2) La segunda historia comienza a mis 20 años y termina en algún momento de los 24, cuando decidí crecer y admitir que me había equivocado de los pies a la cabeza. Me había dejado deslumbrar y anular como mujer por un hombre al que yo creía invencible y maravilloso y que con la perspectiva que da el tiempo me he dado cuenta de que era un niñato cabezahueca. Fue mi gran error y lo pagué caro, pero a pesar de eso no me arrepiento porque creo que salí más fuerte, más preparada, mejor persona. Y sobre todo, lista para los 4 años de mucho amor que viví después.
3) La tercera historia es la del niño del ron. Esta historia empieza el año pasado (a mis 30), en el peor momento de mi crisis pre-ruptura y aunque su comienzo fue inocente, casi sin darme cuenta, ha tomado toda la fuerza este verano. De este cuento aún no sé mucho, o más bien nada. Solo sé que no tengo sensación de estar envarada con él: me siento a gusto, me apetece estar cerca de él, me interesa lo que tenga que decir, me produce cosquilleo que me mire.
Sin contar al niño del ron (que está en mis pensamientos y solo ahí) tengo tres grandes marcas en mi corazón: la de los 16 años, que aún no ha cerrado y que siempre siento que no puede hacerlo, la que está completamente cicatrizada de mis 20 y la que tiene una aguamarina y está curándose.
La banda sonora de esta noche sigue siendo Grey Street y otra canción más que descubrí recientemente y que me fascina: I wish I was the moon, de Neko Case.
Te entiendo perfectamente en lo de que pasan hombres por tu vida que a ti no te despiertan nada, a mi me pasa igual últimamente, supongo que es normal.
ResponderSuprimirLa verdad es que tus 3 historias son bonitas.
La de los 16, un amor a través de los años y el océano.
La de los 20, un chico malo al que engancharse del que aprender lo que una no quiere en la vida.
La de tu chico con ron , me preocupa un poco, me alegra que te despierte emoción, que cada vez se te nota más, pero mientras siga teniendo novia...mmmm..malo!
un beso guapa
¡Hola!
ResponderSuprimirjeje, me ha gustado lo de "chico malo". La verdad es que más que malo era un arrogante y un estúpido pero qué le vamos a hacer, hija, todas nos hemos colgado de algún imbécil, ¿no?
No te preocupes por el niño del ron, que un día de estos nos anuncia que se nos casa y me invita la boda y todo. Me decía una amiga que yo tenía que haberle dicho algo como "bueno, nene, cuando no tengas novia me llamas", pero es que ese no es mi estilo. Yo no quiero romper parejas, pero tampoco involucrarme con alguien que está comprometido. ¡A ver si me iba a pasar como en las pelis, que él siempre dice que va a dejar a su mujer y nunca lo hace! XD
En fin, gracias por leer mis diatribas. Un besín :)