jueves, 20 de enero de 2011

Día 10 - ambas caras de la moneda

Una de mis mejores amigas, de mi misma edad, se casó en 2007 (yo en aquel entonces llevaba 6 meses con mi novio y fue una oportunidad magnífica para presentarlo "en sociedad", porque yo estaba convencida de que no tendría que hacerlo nunca más).
Esta amiga tuvo una niña el pasado mes de agosto y me contaba ayer que para verano se van a lanzar a buscar el hermanito. Él trabaja, ella también, se acaban de mudar a un piso alquilado en un pueblo cercano a nuestra ciudad en España. Tenían un piso comprado en la otra ciudad en la que vivieron previamente y están esperando a venderlo para comprarse uno en la capital, reformarlo con ese dinero y establecerse ya definitivamente. 


Cuánto que me alegro por mi amiga, desde mi corazón en lo más profundo, ¡faltaría más! Al mismo tiempo no puedo dejar de sentir una envidia sana por lo que ella tiene. Yo tenía la esperanza de poder tener una vida emocional, sentimental que me llenara y que acompañara a la vida profesional tan maravillosa que tengo. Pensé que podían ser las dos cosas, que era posible. Muchas de mis amigas lo tienen, ¿por qué yo no? De veras me duele y me produce una sensación incómoda en el pecho cuando lo pienso.


Por otro lado, yo vivo en Nueva York, acabo de volver del gimnasio, donde he tenido la primera sesión de entrenamiento intensivo con un entrenador personal (jo, que por cierto no hace ni tres horas y ya tengo agujetas. Ay). El martes estuve en la segunda sesión de depilación láser y a la vuelta del gimnasio me he gastado una pasta (bueno, una pasta para lo que son mis modestos estándares, claro) en un bolso nuevo. Y no olvidemos mi aguamarina. 
What the heck, me digo, estoy sola y ya no tengo responsabilidades para con mi pareja, ni he de ahorrar para billetes de avión. No puedo evitar sentir una cierta tristeza al hacer todo esto porque la razón que lo impulsa es triste, pero ¿no es que las penas con pan son menos?


Estoy llena de bendiciones, más me valdría apreciarlas por TODO lo que son y ser feliz por lo que sí tengo. Es un buen autoconsejo, ¿no?

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada